Fotos-de-borreguitoYo empecé a trabajar terminando mi carrera, “hace ya varios días” y de ahí en adelante, durante un buen tiempo me dediqué a eso: a chambear. Terminé haciendo algo que jamás pensé: marketing para una de mis grandes pasiones en la vida, el cine; cuando según yo, iba a hacer comunicación organizacional (que con todo respeto: ¡que aburrición!). Fueron años divertidos, de aprendizaje y crecimiento; la pasé genial, encontré grandes amigos todavía vigentes, muchos maestros, dos grandes mentores y muchas experiencias de las buenas y las no tan buenas…pero en resumen: ¡la pasé bomba!

Cuándo nació nuestra primera hija, mi esposo y yo estuvimos de acuerdo en que el mejor regalo que podíamos darle a esta personita era un Papá, o Mamá, de tiempo completo…en nuestro caso como “el restaurant” era la mamá, pues fui la afortunada ganadora de la rifa para quedarme en casa.

¡Qué lujo la verdad que alguien te patrocine para poderlo hacer! es totalmente cierto que es agotador, cero glamoroso y por momentos lo único que quieres es sentarte a chillar preguntándote “¿dónde diablos quedaste tú y tu vida? pero con todo y eso, la verdad es que acompañar a tus hijos esos primeros años y estar ahí, por lo menos para mí, fue un privilegio que agradeceré para siempre a mi sponsor George.

Y luego, ni cuenta te das, pasas de ser la persona de la cual dependen dos personas cada segundo, a una que va teniendo cada vez más tiempo libre ¡sí! LI-BRE…Cualquier Mamá que lea esto sabe que ese es the ultimate luxury en nuestras vidas, es ese tesoro que perdemos en parte por obvias razones y en parte porque nos olvidamos de darnos el permiso de tenerlo, pero ese, es otro tema.

El caso es que cuando yo me di cuenta mis hijos de casi 10 y 7 ya prácticamente no me pelaban en las tardes, que era yo la que les preguntaba si jugábamos a algo en lugar de al revés cada vez más seguido y que además, toda esta energía antes canalizada en todo lo que implican los niños chiquitos, de pronto ya no tenía en qué canalizarla y eso, por lo menos en mí, es muy peligroso, y si no, pregúntenle a mi sponsor…

Y entonces se pone bueno: ¿qué haces después de no hacer “nada” durante 10 años? ¿Cómo regresas, a qué regresas? ¿Qué era lo que sabía hacer? y ¿qué es lo que quiero hacer hoy? porque yo no sé a ustedes, pero a mí tener hijos me rompió todos los esquemas de todo: mi manera de ver el mundo, de verme a mí, lo que me importaba, lo que no me importa  t-o-d-o.

Me tardé un buen rato en poder bajar todos esos balones, hubo varias chambitas, varios proyectos fallidos y sobre todo mucha, MUCHA angustia y reflexión.

Tengo una mamá absolutamente sobresaliente en su ramo, que admiro profundamente y a la que le agradezco su ejemplo y todo lo que le implicó estar donde está y crecernos a mi hermana y a mí, pero por otro lado, es una cosa abrumadora tener un estándar tan alto de mujer/mamá/profesionista, francamente esta cañón y por otro lado es un gran incentivo.

A mí me quedaba claro que la prioridad siguen siendo mis hijos, creo que la infancia es agotadora y demandante pero lo mero bueno viene en la adolescencia y quiero estar ahí y que sepan que estoy.

Así que de entrada, algo de medio tiempo, luego, algo que le regrese al mundo, porque creo que tengo que agradecer lo que la vida me ha dado, algo que me deje mi lanita porque eso de trabajar gratis a mí no se me da, que no esté lejos, que me den chance de ir al día de las madres, que si está enfermo un hijo me pueda quedar, que me encanté, que sea “divertido”, que pueda crecer, que mi opinión se tome en cuenta, que tenga muchas vacaciones, que este “padre el ambiente”, que tenga un jefe que admire….la lista creció, creció y creció.

Y creo que en parte todas esas cosas “indispensables” que “demandaba” eran de algún modo maneras de postergar o justificar por qué no lanzarme, o en otras palabras: puro miedo. Porque aquí entre nos, llevar a tus hijos a la escuela, ir a la yoga, desayunar con tus amigas pasar al súper y ver con el tapicero lo del sillón es una cosa deliciosa y dejarlo no es fácil; pero la verdad, es que para mí eso ya no era suficiente y cuando lo que estás haciendo no te hace sentir bien es hora de moverse.

Creo que hay tres leyes universales: 1. Las cosas SIEMPRE pasan por algo 2. Las cosas pasan cuando es momento que pasen y 3. Para que lleguen, tienes que saber (sentir) orgánicamente qué es lo que quieres que llegue y confiar que así será… Y así llegó Victoria147 a mi vida…o llegué yo, no sé.

Pero cinco meses después aquí estoy, súper feliz, obvio mi pliego petitorio no quedó como en mi cabeza pero la verdad no me puedo quejar, casi todo está y además con muchas buenas sorpresas.

Me llevará varios otros posts hablar de los detalles de este regreso a la vida laboral, pero por el momento creo que puedo resumirlo en que, al menos para mí, como dice mi abuelo: “el trabajo es la salud” (en mi caso, mental). Reencontrarme conmigo ha sido todo un descubrimiento, me sorprende lo desconectada que estaba de mí…no me pesó, lo volvería a hacer idéntico, pero hoy me sorprende volver a ser yo, a pensar, a ganar dinero, a acordarme que soy buenísima para ciertas cosas, a conocer gente nueva, aprender cosas, volver a ser parte de un equipo, a tener conversaciones con mi esposo que nos interesan y retroalimentan a los dos…a saber el domingo que la semana está tremenda pero sentarme el viernes satisfecha de lo que logré.

Es como meter los pies en unas botas de borreguito después de un día entero de tacones tortuosos… ¡uf…se siente delicioso!

La verdad es que no podría hacerlo sola, cuento, con mi Sponsor que le ha entrado parejo en la medida de su disponibilidad y responsabilidades, a: llevar, recoger, acostar, despertar, educar, alimentar y “demases” necesidades que tienen los niños. Y a: oírme, orientarme, echarme porras e impulsarme en esta nueva aventura cuando me asusto y pienso que jamás lo voy a lograr… me quito el sombrero y agradezco contar siempre con su apoyo en todas las formas.

Imposible también sin Ana Victoria, que sin hijos y tantos años de diferencia entiende, respeta y sobre todo permite que yo esté aquí y allá y que además palomea mi requisito aquel de: “un jefe que admire…” ¡está muy cañona esta señorita!, me impresiona más cada día y neta no lo digo por quedar bien, cualquiera que la conozca opinará lo mismo.

Y a mí “red de apoyo”: mi hermana, con quién crecemos, llevamos, traemos, alimentamos y malabareamos hijos y horarios con un margen de error bastante bajo. Y mis amigas que están siempre para hacer un paro.

La verdad es que me siento tan feliz que hasta lo haría gratis (no le digan a mi jefa). El regreso es duro, me costó un buen rato organizarme, que mi cerebro despertara (ahí la llevo…) y aprender a mapear prioridades, a respirar y a tener un sistema de operación que me permita balancear: hijos, trabajo, marido y mis propias necesidades.

No siempre lo logro y no siempre es “medio tiempo”, ninguno. Creo que una vez que tienes hijos siempre eres mamá, de la misma manera que si tienes un trabajo siempre estás trabajando…se llama responsabilidad.

Valeria Stoopen Barois

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