La vida en una pantalla

Diapositiva1El avance de la tecnología en los últimos 15 años ha sido más grande que en toda la historia. El mundo es otro gracias al internet y a todos los devices existentes que permiten sin importar dónde estés, estés en todos lados.

Indudablemente son una herramienta fantástica para la vida, el trabajo y en general para todo. Pero, y sí, el pero es muy grande, aun cuando la red nos abre las puertas del mundo, simultáneamente nos aleja de las personas más cercanas.

La tecnología, como bien dijo @RicardoZamora en un evento que organicé hace unas semanas, está aquí para ayudarnos. De nada sirve lamentarse por “es que cuando yo era chica” o “en mis tiempos jugábamos horas con un bote de refresco y nada más” y tantísimas cosas que podríamos decir… Ya no es así. Punto. ¡Supérenlo! Ya somos esa película del futuro que veíamos de chicos y nos parecía impensable. Es impresionante todo lo que puedes lograr, hacer, contactar, saber, buscar, resolver y miles de etcéteras más, con una pantalla y un dedo.

Sin embargo, para mí sigue siendo muy importante enseñarles a mis hijos que si bien estos recursos son increíbles y definitivamente útiles y divertidos, la vida no debe verse a través de una pantalla, la comunicación y relación con los seres vivos no puede limitarse a un texto (o miles) y que si no aprendes a usarlos a tu favor funcionarán definitivamente en contra tuya.

Vivir en familia y online en el 2015 es, sin duda, un reto adicional al que ya representaba tener una familia per se. Tener hijos siempre ha sido un trabajo con miles de retos y aristas y ahora, además, hay que luchar (no hay otra manera de decirlo), contra la pantalla. Todos los días. Y por lo menos yo, estoy lista para luchar todo lo que haga falta a cambio de que el de 7 y la de 10 aprendan la importancia de conectarse en vivo con el entorno del que forman parte. Si el precio es que me alucinen: so be it, mientras dependan de mi haré todo lo que esté en mis manos para que aprendan a balancear el mundo virtual con el mundo real.

Hasta aquí estoy segura de que la gran mayoría estará de acuerdo conmigo. Sin embargo, el problema real no es decidir si luchas o no. El problema es que la mejor manera de enseñar algo es, como bien sabemos: con el ejemplo. “Children see children do”. El reto está en mí, en ti, en nosotros adultos, antes que en nadie. Conozco gente mucho más enganchada que yo al bendito iphone y similares pero reconozco que me cuesta mucho trabajo desconectarme. Con una chamba de ejecutiva por las mañanas y de chofer de lujo por las tardes, el celular me permite seguir trabajando mientras soy mamá y ser mamá mientras trabajo. Pero me doy cuenta de que voy perdiendo la capacidad de regularme y que son ellos, los hijos, los que empiezan a quejarse. La lucha en ambos sentidos es la única manera de que sea justa.

Así que entonces ¿qué hacemos con los hijos?

Hay muchísimas técnicas: los que prohíben los aparatos electrónicos, los que solo los permiten el fin de semana, los que hacen negociaciones y contratos más difíciles que las de Grecia contra la eurozona, los que no negocian y solo dictan, los que les vale y no regulan y los que como yo: pretendemos que sean los hijos los que aprendan a regularse con límites y reglas específicas que si no cumplen hacen que se pierdan privilegios. Cada quien elige lo que es mejor para su familia, pero y luego ¿qué hacemos con los papás de los hijos: con nosotros?

Yo por lo pronto he decidido dejar mi teléfono en la cajuela cuando manejo para no caer en la tentación, que reconozco, es enorme y en la que muchas veces caigo, pero sobre todo para enseñarles a mis hijos que cuando manejas, tu vida y la de otras personas son tu responsabilidad y distraerte con un aparatito puede ser muy peligroso. De pasada aprovecho el tiempo para hablar con ellos (cosa que ya para algunos es una actividad súper retro). Es una gran oportunidad para averiguar qué pasa en sus cabecitas y tocar temas importantes y divertidos. Aprenderse a aburrir y esperar en el coche es también muy formativo.

En nuestra familia están prohibidas las pantallas cuando estás sentado en una mesa comiendo: todas las pantallas, todas las personas. Gente: no le den un ipad al bebe de 1 año en el restaurant para que “este tranquilo” y luego pretendan que a los 16 les platique su vida a la hora de la comida: estamos creando hábitos. ¡Nada más patético que ver en un restaurant una familia o grupo de amigos viendo cada uno su celular! ¿por qué no mejor se queda cada quien en su casa y de pasada se ahorran una lana?

Cuando voy a la clase de fut del de 7 voy sin teléfono porque ese niñito necesita que lo vea y porque cualquier mensaje que necesite mandar no es ni la mitad de importante a que él se sepa visto por su mamá. Estoy en una campaña de quitarle el sonido a mi teléfono en la tarde y los fines de semana para liberarme yo antes que nada y conectarme con el presente; lo reviso eventualmente pero sin estar a su merced cada vez que hace “tiiiing” y aprovecho para hacer otras muchas cosas que quiero y no hago por estar viendo el FB cada que tengo un segundo libre (el siguiente paso es borrarlo de mi cel un día muy pronto). Las pantallas atarantan, quitan tiempo y nos desconectan de nosotros mismos y del mundo en general.

No me malentiendan yo en internet encontré hasta marido (esa historia la pueden leer aquí). Siendo lectora compulsiva, internet es una fuente inagotable de material de lectura. Soy muy fan de toda esta nueva era y acepto que son deliciosos esos ratos en que cada quién se pega a su aparato y se mete en su mundito, sin embargo, me asusta pensar en qué puede convertirse todo esto si dejamos de interactuar personalmente con la vida.

Porque además, todo eso que buscamos en las redes sociales: aprobación, ser “escuchados” por 789 “amigos” y tener muchos comentarios, no valen nada en realidad, es aire. Se siente bien que te den “me gusta” a un post, una foto o algo que escribiste, pero lo que realmente alimenta el corazón y nos hará personas felices y completas es encontrar todo eso en las personas con las que vivimos y convivimos cada día.

Eso es precisamente lo que quiero que mis hijos aprendan: que el reconocimiento y la validación no vienen de una pantalla, viene de ellos mismos y de su capacidad de tener conexión y empatía con los seres humanos y que la tecnología es solo una herramienta para lograrlo. El uso responsable de las redes sociales es el otro aprendizaje y un tema completo para otro post.

Concientizarnos (todos) que nada de lo que podamos hacer en línea se compara con unas carcajadas con otro ser humano y una buena platicada. Leer un libro: sí, esos que tienen muchas hojas y letritas. Reflexionar. Esperar. Observar. Jugar. Hacer ejercicio. Cocinar. Arreglar. ¡Hasta el anticuadísimo: hablar por teléfono!

En resumen: estar presentes en el momento, esa es la cuestión. Hagámoslo.

Valeria Stoopen Barois

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