Para todo llega el día

Para todo llega el diaEsta semana pasan tres cosas en mi vida “d´esas” que uno (o por lo menos yo), necesita detenerse un poco y darles una pensadita y un lugar especial en medio del acelere cotidiano.

Empiezo por mi aniversario en Victoria147. No sé cómo, ni a qué hora, el 1 de junio cumplo un año de trabajar en esta fantástica, maravillosa e increíble ONG, que desde el primer minuto me hizo sentir en casa. Un año de malabarear tiempos, actividades y prioridades. No soy, ni de cerquita, la persona que llegó ese día. Sin duda, la ganancia máxima de esta nueva etapa ha sido el crecimiento personal. Pienso en mí hace un año y me da la impresión que es otra persona. Soy otra persona. Mis pies están metidos en mis zapatos y plantados en el suelo como nunca antes y eso se siente delicioso.

Invitar a personas absolutamente sobresalientes a ser Fellows de Victoria 147 es mi parte favorita de la chamba. Conocer todo tipo de gente con todo tipo de trabajos, historias de éxito y experiencias, no sólo en su ramo, sino en la vida, es de lo más divertido, interesante y enriquecedor; pero cuando lo haces para que apoyen a estas mujeres: las emprendedoras Victoria147, a empoderarlas y a crecer; y las conoces a ellas, es simplemente inspirador.

La empresa donde trabajo está ayudando a cambiar el país donde vivo y crecen mis hijos. Mi país, México. Y eso solito es una razón que me hace levantarme cada día. Pero además tengo la fortuna de hacerlo de la mano con otras 12 mujeres que piensan igual que yo. Nadie viene a fuerza. Trabajar en Victoria147 es un placer y un privilegio que agradezco con todo mi corazón a todo el equipo que se ha vuelto una parte tan importante de mi vida, son como el botón de refresh en mi sistema operativo. Gracias a cada una de ustedes.

En otros asuntos, este fin de semana termina una aventura que empezó hace año y medio. Uno de esos saltos de fe que uno da de pronto sin pensar dos veces. Durante ese tiempo rentamos con dos parejas de “conocidos” un oasis fuera de la ciudad para escapar los fines de semana. Digo conocidos porque en realidad nos conocíamos casi nada y creo que ninguna apuesta hecha entonces hubiera salido tan afortunada. Los ahora llamados “Socios del Paraíso” terminamos este ciclo siendo grandes amigos, vaya, a estas alturas la confianza apesta. Fue una extraordinaria experiencia y aprendizaje compartir en todos sentidos y que nos deja a todos (chicos y grandes), siendo mejores personas con tremendas anécdotas y, sobre todo: risas, muchas, muchísimas risas y carcajadas que me siguen alimentando el corazón. Quisiera poder asegurar que la siguiente edición se llevará a cabo en el futuro; pero la cosa con el futuro es que nunca sabemos si saldrá como planeado, así que mientras todo se alinea (o no), quiero cerrar este círculo diciendo que: a veces, al dar un salto de fe, tienes la suerte de caer en la cueva de Alí Baba y en esta historia así fue, porque encontrar nuevos y tan buenos amigos a estas alturas de la vida es eso: un tesoro.

Y finalmente, pero no menos importante (nada más lejos de eso) resulta que esta semana, mi hija, la de 10, empieza SU camino. En su escuela al término de la primaria hacen un viaje de 15 días con su generación a… Francia.

Y llega el día para mí, que soy su mamá, de soltar (eso que tanto nos cuesta ¿se acuerdan?). En el momento que escribo esto se me salen las lágrimas, porque si bien en 10 años ha ido a campamentos, a dormir a casa de amigos y a tener cierta independencia. Para mí, 10 años son todavía pocos y aunque ella se crea de 18 yo la veo todavía como esa personita de un año que decía “liri liri liri” cuando se moría de hambre.

Europa no está precisamente aquí a la vuelta y no necesitaría mucho tiempo para enlistar todas las razones, peligros y situaciones por las que sería mejor que se quedara aquí conmigo.

Pero…

Algún día hay que dejarlos ir ¿right? Y a mí me toca hoy. Con la enorme ventaja de que al regresar podré todavía disfrutarla unos años y si lo hago bien espero que siempre siga cerca, sin importar a dónde decida ir.

Esta será, sin duda, una de las MEJORES experiencias de SU vida y eso me hace sonreír (y llorar un poquito al pensar que, como en muchas más, no formaré parte). Sé que es completamente capaz de encargarse de ella (obveeeo: toute proportion gardé).

Su maleta para la vida ha sido cuidadosamente llenada por su papá y por mí (y su hermano, abuelos, tíos, primos y demases agregados culturales y familia adoptiva), con un amor infinito que se ha convertido en una inagotable dosis de confianza, autoestima, seguridad y momentos felices. Sabe que hay límites claros. Que puede lograr cualquier cosa que se proponga en la vida si realmente lo trabaja, que hay cosas que simplemente no son posibles y hay que saberlas detectar y dejarlas ir. Que la única responsable de sus actos es ella, siempre. Que la mejor arma es una sonrisa y que reírse de uno mismo es una excelente vacuna, casi, para lo que sea. Creo que, además, lleva ideas claras, muchísima curiosidad y una buena cantidad de sentido común y determinación. Pero sobre todo, lo que más hay en su maleta es empatía y capacidad de adaptación a las situaciones. Entiende que es solo una parte de un mundo y que el de junto es igual de importante que ella, que siempre hay que pensar en el otro y que la tierra no da vueltas a su alrededor. Es detallista a morir, una persona feliz, entusiasta y en general: a happy camper.

No sé muy bien como hicimos para empacarle todo eso, pero sin duda está ahí y nos congratulo, Sponsor, porque formar personas integras es la mejor contribución que podemos hacer al mundo.

Sin embargo, no importa cuántas cosas uno ponga en su maleta y los aplausos que nos demos como papás. El verdadero crédito es para ella, mi Michelina, que ha sabido usar lo que hay ahí y convertirse en esta persona tan increíble que me maravilla cada día con todos sus bemoles. No sólo confío 100% en ella: soy (y seré siempre) su fan #1.

Así que para todo llega el día y para ella llega hoy el de emprender su viaje.

Espero que encuentre también en su maleta una bolsita especial que pusimos con mucha capacidad de asombrarse (que no tiene fecha de caducidad) y un abridor de ojos, orejas y todos los sentidos para estar lista a recibir todo lo nuevo y aceptar y descubrir todas las cosas que la vida tiene esperando para ella. Y el último compartimiento, en donde encontrará lo más importante: uno donde dice que sin importar a dónde vaya, qué haga, en qué se convierta y qué decisiones tome, siempre, SIEMPRE puede regresar a casa en donde estaremos esperando con los brazos abiertos y queriendo escuchar todas sus aventuras.

En la vida hay que saber abrir y cerrar las puertas y los ciclos en el momento preciso, o por lo menos, parar y hacer una pequeña pausa para acomodarlos e integrarlos en nuestro propio equipaje.

Como me escribió mi querido @estebanmacias el día que me casé: “todo principio y final marcan el comienzo de una gran aventura”…y sin duda, así es…embrace it.

Valeria Stoopen Barois

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