Renovarse o morir…

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Pues resulta que mi pelo es chino…sí, así. Chino.

Después de muchos años de que fuera lacio y dos embarazos con un prolongado tiempo de amamantar a cada escuincle, mi pelo ahora es chino u ondulado o depende del día, pero definitivamente ya no es lacio.

Este fact tan absolutamente banal me ha hecho parir chayotes los últimos dos meses y ahora que creo que ya entendí cómo va la onda (valga la redundancia), me ha servido también, como una analogía para reflexionar alrededor de muchos temas pero especialmente de uno: el cambio.

Creo que nadie llega a los 40 sin que la vida se haya encargado de darle sus buenas sacudidas para dejar claro que absolutamente todo se mueve constantemente. Y, me parece , que lo que determina la madurez de una persona no son los cambios, sino la capacidad que tiene cada quien de adaptarse a ellos y de entender que la única manera de crecer es seguir el ritmo y cambiar, tu también, constantemente.

Pero lo que pasa es que la vida es canija y nos campechanea esto del movimiento con épocas y momentos deliciosos, fáciles y sobretodo: cómodos. Trabajos, amigos, planes, rutinas y miles de pequeñas y grandes cosas que hacemos y logramos cada día y que conseguimos “perfeccionar” para que funcionen como nosotros queremos y justo cuando esta así: exactamente como nos gusta ¡zaz! llega el trancazo, que no es otra cosa que el universo diciéndote: muévete. Cambia. Crece. Levántate de ahí y busca un nuevo camino.

Hay gente que tiene la increíble capacidad de, no solo adaptarse en chinga a estas situaciones, sino que no se espera a que le llegue el golpe y está siempre pensando en lo que sigue y sabe estarse moviendo continuamente. Gracias a ellos se inventó la rueda, las naves espaciales, los celulares o el internet y todos sus secuaces. A mi, honestamente, me cuesta un poco más de trabajo.

A ver, creo que soy muy buena preparándome para lo que sigue, el Sponsor me alucina porque me estoy subiendo al avión para una vacación y lo primero que digo es “y la que sigue  ¿a dónde vamos a ir”?…sí, si me gusta planear, es más, soy buenísima, incluso rayo en lo obsesiva, pero es precisamente por eso que cuando las cosas no salen como yo las tengo planeadas me cuesta no uno, sino dos huevos adaptarme, porque una vez que algo me funciona y sé cómo hacerlo siento que ya no hay necesidad de averiguar otra manera. Me cuesta innovar y cambiar los planes. Soy demasiado práctica y prefiero enfocarme en poder eficientar mi tiempo que en estar inventando nuevas maneras de hacer lo que ya sé que me sale bien a mi manera.

 Y creo que eso está perfecto para las cosas del día a día sin importancia, como por ejemplo en qué orden limpias la cocina o cómo recorres el súper cuando vas a hacer la compra. Lo malo es que en lo que si es relevante, quedarse quieto es una pésima idea.

Porque nada de lo que hagas impedirá que el mundo siga dando vueltas y las cosas se sigan moviendo.

Este año ha sido particularmente difícil para mi en estos asuntos. Estuvimos a punto de mudarnos de país por razones de chamba y eso representó una enorme sacudida emocional, pero además porque por decir lo menos, entre que sí y que no, la cosa estuvo cardíaca. Creo 100% que las cosas siempre pasan por algo y agradezco que nos hayamos quedado aquí, incluso, si el precio haya sido perder ese trabajo, pero la sudé heavy.

Adaptarse a cosas que no dependen de ti es extremadamente difícil, por eso creces con las situaciones complicadas, porque te enfrentas a ti mismo y no tienes más remedio que levantarte y seguir. Encontrar otras maneras y aprender la lección más importante de todas cuando todo lo que conoces y tenías “seguro” cambia: saber esperar, confiar y sobretodo entender que a veces suceden cosas abruptamente, como quedarte sin trabajo, sin ese amigo, sin eso con lo que contabas. Pensamos que ese es el cambio. Pero no. El cambio se deriva de esas situaciones que nos empujan a reinventarnos, a buscar nuevos caminos a (otra gran lección de las sarandeadas de la vida): ACEPTAR y permitir que haya otras soluciones, personas, situaciones. A que las cosas sean y sucedan como NO estaba planeado.

La historia de mi pelo chino es relevante por eso. Porque me ha hecho ver esto más claramente que nunca.

Luché muchos años contra mis chinos, los alacié, domé, y estilicé exitosamente, hasta que un día ante la tenebrosa idea de quedarme calva por estármelo martirizando decidí dejar de luchar. Me dediqué a observarlo, le di chance de ser ¡y me chocó!…pero tratando de no perder el foco de que lo importante era no quedarme pelona, decidí mejor ponerme a investigar qué diablos hacer con un pelo como el mío ¿cómo se cuida? ¿cómo se peina? Los sí y los no para empoderar mis chinos en lugar de pelearme con ellos.

Me metí en el tema y me puse a experimentar diferentes estrategias. Hablé, busqué, pregunté, probé muchos días, la mayoría,  con pésimos resultados, el tema me generaba una enorme frustración, porque admítanlo: tener un “bad hair day” es como de las peores cosas que le puede pasar a una. Pero no me regresé. Me obligué a seguir buscando y a apechugar pensando que era mejor vivir con cola de caballo que sin pelo.

No perder el foco. No tirar la toalla. Ante la adversidad la clave es esa: apechugar y seguir buscando maneras de conseguir lo que quieres, ya sea trabajo, un buen look o cualquier otra cosa.

Nada es magia. Ni fácil. Ni gratis (así que por favor dejen de andar posteando para que les regalen coches o millones). Los resultados SIEMPRE se derivan de aceptar la situación, no puedes cambiar nada si primero no la dejas ser y, por supuesto, del esfuerzo, pero sobretodo de la constancia y de la paciencia.

En el tema mi pelo (que ya sé que a nadie le importa pero que ha sido muy educativo), decidí aceptarlo y dejarme de pelear con él y acto seguido volverme experta en el manejo del pelo chino. En cuanto decidí eso, como siempre sucede, se me aparecieron todas las herramientas que necesitaba para hacerlo: la amiga experta con su método innovador y maravilloso que me ha tenido toda la paciencia para mis 100 mil preguntas (mujeres con pelo curly: el CoWashing es LA neta, Google it), el especialista en cortar pelo chino (que por si no saben debe de cortarse en seco), los productos necesarios y todos los tips del mundo en un grupo de FB en el que he dejado horas de mi vida “estudiando” el tema con todos sus bemoles.

En el tema buscar nuevas oportunidades ante cualquier situación y en asuntos más relevantes, creo que el mecanismo es exactamente igual. Aceptar. Enfrentar. Armarte para la batalla y entrarle con todo. Si eres constante y te mantienes enfocado eventualmente habrá buenos resultados, no puede ser de otra manera, la clave es no desesperar y mantener el ojo en la bola, todo el tiempo.

Abrirse al cambio no es fácil. Cuesta muchísimo trabajo romper patrones y aceptar cosas que tu no decidiste o maneras de hacer las cosas diferentes a las tuyas y precisamente eso, es lo que confirma lo de que “los cambios siempre son para bien” porque cuando no te queda más remedio que cambiar, actuar, decidir, probar cosas diferentes y simplemente: evolucionar, sucede que te reinventas, avanzas y aprendes muchísimas cosas que te hacen ser una mejor versión de ti.

Dicen por ahí que si no puedes con el enemigo únetele y yo decidí hacer exactamente eso. Me sirvió por supuesto para cambiar de look y sentirme renovada, pero sobretodo me hizo moverme de mi zonita de confort y buscar nuevas maneras. Me costó mucho trabajo pero puedo afirmar que ahora sí me siento re-feliz con mis pelos locos. Todavía de pronto me veo al espejo y me cuesta trabajo asumirme así pero entonces me recuerdo que así es. Es lo que hay. Depende de mí sacarle el mejor provecho y disfrutarlo o pasarme la vida nefasteada.

No puedo terminar sin darle una mención especial al Sponsor, que en su proceso de auto reinventarse ha sido, junto con mi pelo, el gran maestro para recordarme que cuando las cosas se ponen complicadas la mejor arma es siempre una buena actitud y la convicción de que al final del día: todo va a estar bien.

Cualquier cambio es siempre una manera de soltar algo que ya no era para ti, aunque tu no te hubieras dado cuenta.

 Libérate.

L´amargeitor

Valeria Stoopen Barois

One thought on “Renovarse o morir…

  1. Mientras no sean más los “bad hair days”, hay q disfrutar la vida y el pelo. Es caprichoso y a veces horrible. Pero a veces me encanta.

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