Diapositiva1Hace unos días estaba desayunando muy felizmente en un restaurant en Altavista con mi amiga Karina. De pronto llegó a sentarse junto a nosotros un personaje por demás extraño. Pants noventeros enormes, pelo largo que parecía peluca, lentes oscuros demasiado grandes que le tapaban toda la cara y una maleta mediana, claramente vacía, con algo evidentemente largo que la atravesaba por dentro.

Mi mecanismo de paranoica profesional se activó de inmediato. Pero acostumbrada a que el Sponsor me diga que soy una exagerada intenté calmarme un poco y pensar que también era posible que el comensal solo fuera alguien sin ningún sentido de la moda actual. Acto seguido el tipo en cuestión comienza a mover su mesa, todas las sillas, solicitar que le abrieran todas las ventanas (por las que perfectamente pasa un adulto o varios) y a estar en general, inquieto.

Mi autocontrol empezó a perder. Le pregunté a mi amiga Karina “¿este tipo está rarísimo o son mis nervios?” y mi amiga, que probablemente está igual o más loca que yo, me dijo “rarísimo cañón, tengo miedo, estoy segura de que en su maleta trae un arma“, le dije “¿nos vamos?” y contestó: “en chinga“.

Pagamos en la caja sin esperar el cambio y nos fuimos dejando en la mesa nuestro desayuno a medias. Ya en el estacionamiento, del que Karina no quiso ni sacar su coche, pensé que no podría cargar con la responsabilidad de una matanza de la que yo hubiera podido huir y unas 87 señoras murieran sin ser advertidas. Le dije a Karina “güey, necesitamos avisarle a alguien“, en ese momento se cruzó enfrente el gerente del lugar al que le comunicamos nuestras sospechas y acto seguido: salimos por patas a refugiarnos en la siguiente plaza comercial con un restaurant y el corazón a 10 mil por hora.

Nunca supimos si el gerente hizo algo al respecto y Karina y yo le salvamos la vida a todas esas señoras o si todo el episodio fue producto de nuestra muy activa imaginación.

Lo que sí sé es que por más ridícula que les parezca la aventura y se carcajeen de nosotros como nuestra amiga Ana, vivimos en un país en donde la violencia se está acercando cada vez más a nuestras vidas y por lo tanto tenemos que empezar a observar el entorno y a actuar escuchando a nuestro instinto.

Yo estoy verdaderamente preocupada, ¿tú no?

Me encabrona ver la partida de bandidos que están “a cargo” de México. La incompetencia y el descaro al que han llegado es tan contundente que da miedo.

Los malos de maldad no están en las caricaturas sino en cada esquina y peor tantito, en los tribunales amparando escuincles cerdos que violan a sus amigas, pero que como “no sintieron placer” no pasó nada. O autoridades que llevan dos años haciéndose mensos ante un grupo de “niños bien” del Pedregal que se divierten golpeando gente.

Deberían de estar todos en la cárcel.

Incluidos los jueces que permiten que esto suceda y por lo tanto le dan permiso a quien sea de hacer CUALQUIER COSA.

NADA tiene NUNCA una consecuencia.

Mientras tengas dinero, o contactos, en este país you can get away with murder (oooo llevarte TODO el dinero ¿right Duartesss?)

Increíble que los gringos puedan encontrar una pinche playera (perdón: jersey), en menos de 48 horas y aquí pasen los años sin que sepamos nada de todos los ladrones (perdón: gobernadores) y crímenes sin resolver y encima nos digan que “todo está en nuestra mente“.

Increíble la sociedad en la que vivimos, donde los papás en lugar de educar a sus hijos los alcahuetean. Pagan por salvar a sus monstruitos que ellos mismos crearon, les dan demasiada lana y no tanto caso y límites. Y no hablo solo de lo que hemos estado escuchando en las noticias, podría hacer una lista de gente que conozco que no solo permite las pendejadas de sus hijos, sino que las encubre, les resuelve el problema “para que nadie se entere“, o manda unas flores para disculparse de los destrozos de sus niñitos que son más bien delincuentes en potencia. No se les ocurre llevar a sus hijos a dar la cara, que paguen las flores o de perdida pierdan alguno de todos sus privilegios. Nada, “ya sabes son niños” …

Increíble.

Y esa es la clase “alta” de este país, imagínense. Qué terror.

El problema ya no es la impunidad, ni la violencia, es el cinismo. Y el problema también es que en el momento que hacer tu vida normal es un factor de riesgo constante, ya no está chistoso.

¿Y ahora, quién podrá defendernos?

¿Qué vamos a hacer?

¿Cómo vamos a ayudar a que este país progrese, mejore, solucione, responda?

No tengo la menor idea.

Pero sí sé que por el momento nuestra arma más fuerte como ciudadanos es hacer ruido. Quejarnos, manifestarnos. ¡No! No en la calle generando caos y subiendo los índices de contaminación: PARTICIPANDO. Exigiendo. Cuestionando y no quitando el dedo del renglón. Las redes sociales son sin duda una gran herramienta para esto. Úsenlas. Difundan. Presionen. Las “autoridades” reaccionan a las cuestiones que se hacen virales, les pasa algo así como: “no pues aquí sí no podemos hacernos pendejos” y por lo tanto hay que bombardearlos con todo aquello que nos indigne y aprovechar los foros que cada quién tenga.

Y por otro lado empecemos a entender que los niños que estamos formando son el futuro de este país. Imagínense que los que van a estar a cargo de nosotros son todos estos escuincles, mal criados (literalmente), berrinchudos, que creen que tienen derecho a cualquier cosa y que el mundo les debe solo por existir. Niños que nada les cuesta trabajo, que se pasan la vida en hoteles de lujo y con zapatos que cuestan la renta mensual de un departamento.

Poderles dar todo no significa que les TENGAS que dar todo. Tus hijos necesitan oír la palabra NO para entender lo que quiere decir. Desarrollar la tolerancia a la frustración es indispensable. Contenerlos. Dejarlos asumir las consecuencias de sus actos (eso empieza dejando que les dé una gripa por no ponerse un sweater o reprobando el año si no saben lo necesario para pasar al siguiente). Sí, aunque eso nos joda a nosotros, dejarlos aprender de la experiencia es indispensable. Protegerlos y salvarlos de cualquier cosa es un regalo envenenado y una irresponsabilidad social sin igual.

Lo que sí podemos hacer para que México mejore es formar adultos honestos, responsables de sus actos, empáticos con el dolor y el sufrimiento ajeno. Personas que sepan que las cosas cuestan trabajo y que cualquier decisión tiene un impacto positivo o negativo. Que tengan la humildad de entender que su posición privilegiada no les da derecho a nada, al contrario, implica una responsabilidad: hay que aportar. Que aprendan a esforzarse por aquello que desean. Que conozcan y respeten los límites, las reglas, las leyes: que se atengan a las consecuencias si las rompen. Formemos hombres y mujeres sensatos, trabajadores, con los pies bien plantados y un amor a su país que les haga tener ganas de hacerlo un lugar mejor.

Eso SOLO se aprende con el ejemplo, con límites y estando muy presentes. No con fajos de dinero y viajes de lujo. Empieza hoy, no importa la edad ¡No estás educando niños, estás formando adultos! Si esperas a que sean grandes será, sin duda, muy tarde.

¡Hagámonos responsables de nuestros hijos porque ESA puede ser nuestra gran contribución a este país del que tanto nos quejamos!

Tenemos que participar activamente ya, porque en el país del no pasa nada están empezando a pasar demasiadas cosas, necesitamos ser parte de la solución y no solo salir corriendo, como @karinasimpsonh y yo, cuando algo no nos late.

Valeria Stoopen Barois

L´amargeitor

*Este texto fue previamente publicado por The Huffington Post México.

1 Comment »

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s