Dejar de permitir

Diapositiva1¿Se han puesto a pensar todas las “pequeñas” cosas que, ustedes y yo, hacemos o aceptamos, todos los días que parecería que no están mal, pero en realidad son la raíz de todos los grandes problemas de nuestro querido y pobrecito país?

Cosillas insignificantes como el que da la mordida al poli o lana a la delegación para su obra. El que mata árboles que no puede tirar legalmente (pero que recibe el tip, de la misma delegación, de que echándoles aceite y gasolina se secarán y entonces sí le pueden dar el permiso). Los que no pagan impuestos. La que aparta su banqueta con botes con cemento. El que se pasa el alto. La de las placas de Morelos (porque “te juro que en la agencia no tenían de las otras“, pero que de pasada no paga tenencia ni es sujeto de fotomultas). Los que “compran” facturas o dan contratos a proveedores a cambio de un porcentaje. Los que tienen toda su lana a nombre de alguien más para no rendir cuentas (o pagar lo justo a la hora de divorciarse… qué asco me dan). Los que construyen clandestinamente. Los que tienen vidas paralelas. Abren sus negocios con trampas. Sacan sus permisos con dinero. Falsifican documentos. Dicen cualquier tipo de mentira o no dan la cara cuando algo sale mal… Etcétera, etcétera, etcéééééétera.

Los peores, para mí, los que se hacen pendejos, de una u otra manera, porque es más fácil, más rápido, nadie se da cuenta y “no es mi pedo“. Y mientras sea así, pues no solo no hago nada, sino que además ¡permito! que hagan lo que quieran porque ¡qué más da!

Permitir es sin duda la razón por la que estamos como estamos.

Llevamos AÑOS permitiendo todo tipo de porquerías que hoy se han convertido en una inmensa bola de corrupción que está a punto de aplastarnos.

Se trata de un profundo mierdero administrativo previo al temblor y que, al ser expuesto al Consejo, la Asamblea y Asociaciones de padres de familia y filtrarse la información a los padres de familia, la gran mayoría de la comunidad eligió no hacer NADA al respecto: “porque la verdad mi hijo está taaaan contento que yo para qué me meto” o “no vaya a ser que tomen represalias” o “pues es que mi hijo ya va a salir y ya me vale” o “no me gusta andar de instigadora” o “quién sabe si sea cierto” o “no pude ir a la junta porque tenía pilates” y “la verdad lo administrativo no me afecta directamente si todo lo demás funciona”…

Muy pocos apoyaron. Lejos de eso, me cuentan que en los chats de la escuela las familias a favor de esta “investigación” fueron fuertemente criticadas, regañadas por “andar haciendo escándalos“, excluidas de sus grupos sociales y en general tachadas como las revoltosas que “neta para qué tenían que estar armando tanto escándalo si la escuela funcionaba súper bien, los niños estaban felices y qué más da la parte administrativa“…

A los hijos de estas familias le fueron retenidas sus reinscripciones. Todos, niños y jóvenes destacados sin un solo problema de conducta, de adeudos, de sociabilización o de cualquier otro tema. Ni UNA sola razón para suspender su derecho a reinscribirse. Todos alumnos de excelencia académica. Y, sin embargo, lo hicieron.

Ahí sí hubo reacción. Los alumnos y muchos padres de familia, indignados por el trato que estaban recibiendo sus compañeros, se levantaron, juntaron firmas, hicieron cartas y distintos tipos de manifestaciones en contra. Una parte importante de esa comunidad reaccionó, al ver afectados directamente a los alumnos.

La escuela “abrió el diálogo” y en algunos casos, autorizó la reinscripción de los niños.

Claro está que hay dos corrientes. Esta, y la otra, furiosa ante toda la situación y ante los periodicazos y las personas que han denunciado. Ellos se preguntarán seguramente, ¿a mí qué me importa este tema si no tengo nada que ver con la institución?

En realidad, no tengo nada en contra. Cada quién es libre de manejar sus asuntos como mejor le parezca y lo que menos me interesa es la escuela en sí, ni es el tema de este post.

Nos quejamos cabrón de los demás, de los funcionarios, del país, pero somos incapaces de voltearnos a ver a nosotros. Queremos muchísimos cambios, pero no estamos dispuestos a pagar el precio de que las cosas cambien, ni mucho menos a ser el factor de cambio en nuestros pequeños microcosmos.

Muy pocos se atreven a denunciar las irregularidades y todavía menos apoyan a aquellos que lo hacen. Lejos de eso: los condenan y los crucifican con una ferocidad asombrosa e incluso violenta.

La congruencia es ser fiel a tus principios, siempre.

No cuando es conveniente. No cuando nos acomoda. No cuando nos favorece.

Siempre.

A veces, implica sacar a tu hijo de una escuela en la que estaba perfectamente feliz a cambio de formar personas íntegras que puedan hacer la diferencia en el mundo, personas fuertes que no se dejen intimidar y acepten tratos injustos y condicionados.

Nos urge aprender a vernos a nosotros mismos. Modificar nuestras conductas. Exigir información veraz de primera mano y no andar comprándole versiones y pleitos a nuestras amistades por el wats.

Necesitamos salir de nuestras zonas de confort tan privilegiadas y ser tantitito más responsables de nuestros actos en nuestro día a día y ¡un chingo! más solidarios en nuestras comunidades, para que nuestro país pueda empezar a ser ese que a todos nos urge ver.

Necesitamos ¡ya! empezar a ser ¡nosotros! factores de cambio.

Seamos.

Valeria Stoopen Barois

L´amargeitor

 

Este post fue previamente publicado por el Huffington Post México

*foto portada BRIANA JACKSON VIA GETTY IMAGES

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