Las mamis y los papis “súper fit”

Diapositiva1El impacto que tiene en nuestra salud hacer buenas elecciones en nuestra dieta diaria, mover las nachas regularmente y no darnos permiso de todo, todo el tiempo es, sin lugar a dudas ¡enorme! en el corto, mediano y largo plazo.

Eso, y el importantísimo factor “sentirte bien contigo” son sin duda las razones por las que merece la pena echarle tantitas ganas (especialmente cuando pasas cierta edad y la ley de la gravedad empieza a demostrar sus teorías de manera aterradora).

Hasta ahí estamos todos de acuerdo ¿correcto?

OK

¿Se han asomado a su Instagram y su feis últimamente?

Omaigod.

Los Papis y Mamis ahora ¡se postean a ellos! enseñando sus partes, sus bicis, sus guantes de box y todas las clases sofisticadas, sus rutinas y sus metas cruzadas.

Es verdaderamente alarmante que a esta edad estemos tan enfocados en nosotros, tan seguros de que la gente ne-ce-si-ta admirar nuestro pelo sedoso, look “perfecto” y desde luego, nuestros músculos y curvaturas. Fishing for compliments de manera enferma y desesperada al grado que parecería que corren el maratón, solo, para poder subir la foto. Qué oso.

Pero qué preocupación cuando la vida comienza a girar en torno a eso.

A nosotros. A nuestra apariencia. Al mírenme. Al grito desesperado de ¡aquí estoy!

A menos de que en eso trabajes, más de 2 horas diarias de algo ya es una obsesión. Con todo respeto, l@s que entrenan 8 horas cada día -sin ser profesionales- y sacrifican por eso hijos, parejas y todo lo demás, están en realidad, tapando un hueco que nada tiene que ver con sentirse bien físicamente. Me suena más bien a que se escapan de algo, de alguien, o incluso, de ellos mismos…

¡Claro que de pronto nos ponemos un reto y hay que entrenarse para él! Eso me parece increíble para salirnos de nuestra zonita de confort.

A favor totalmente.

Peeero…

En esta locura por correr más, cargar más, competir más y hacer cada vez más cosas impresionantes, nos estamos olvidando de lo más importante.

Y es que: sí.

Efectivamente toooodos te estamos viendo.

Y ¿qué crees? tus hijos, también.

Están viendo que, en lugar de masticar, bebemos proteína, comemos pasto, no nos damos un día de descanso o un permiso de comer ¡y disfrutar! algo “pecaminoso”. Y nos inscribimos a todas las clases, carreras, cruces y martones posibles para, obvio, postearnos sudados, campeones, mordiendo medallas, expresando nuestras #graciastotales #makeithappend #dowhatyoulove en todas nuestras redes y recibiendo millones de felicitaciones #estásgruesa #ídola #campeón #cómolehaces

No mamen.

ESO es lo que nuestros hijos tienen como imagen de sus adultos.

Con la enorme agravante, de que, en teoría, nosotros ya tenemos formada nuestra personalidad y definimos nuestro yo. Insisto: en teoría.

Ellos están en pleno proceso de autodefinición, así que imagínense que encima de todo lo complicado que es ser puberto, ahora además tienen de ejemplos a seguir a estos Papis y Mamissúper fit.

Pobres escuincles.

Porque –si quiero que mi mamá me acepte, tengo que ser como ella porque eso es lo que a ella le gusta y lo que “está bien” entonces: voy a comer pasto, vomitar cuando acabe y correr 3 horas diarias como ella… O, si me da para el otro lado la pubertad y me quiero manifestar -o proteger- me voy a chingar a mis papás tragándome todo lo que me encuentre y a pesar 100 kg-.

Los consultorios de los nutriólogos y psicólogos están LLENOS de adolescentes abrumados de dudas, de traumas, de complejos, de competencia y de desórdenes alimenticios porque ¡como nunca antes! están saturados de información, sometidos a una presión social abrumadora (cortesía de las redes sociales, los millones de filtros y el número de likes que tienen, en comparación a sus amigos) y ahora ¡encima de todo! con papás y mamás obsesionados por su físico y su apariencia.

#TodoMal

¡Ahora las mamis están más flacas que las hijas! Nada más empoderador que un #ParecenHermanas en los comentarios de su post ¿no mamis? ¿Ya vieron? ¡Estamos compitiendo con nuestras hijas! ¿Por qué quieren parecer hermanas y pretender tener el cuerpo de sus hijas? ¿Así o más enfermo? ¿Y cuántos súper fit tienen hijos con problemas de sobrepeso o que no comen nada? ¡No es casualidad, por favor abran los ojos!

Señoras, se está jugando el papel de la mujer en el mundo y seguimos pensando que lo más importante es estar buenísimas ¡¿en seriooooo?! ¿Ahí es donde queremos que nuestras mujeres del futuro se enfoquen?

¡Qué barbaridad, pónganse plis a hacer algo útil, estoy segura de que tienen otros talentos!

Piensen por favor un segundo en el impacto que tiene en una niñ@ ver a su mamá, que vive a dieta, postear sin cesar su sanísima alimentación, su nuevo détox y ver la foto perfecta, sexosa, sudada, o con el look casual y “súper natural” ¡t-o-d-o-s-l-o-s-d-í-a-s! O un papá que se inyecta cosas en el estómago para tener cuadritos, come puro atún, vive en el gym y se pasa la vida mandando a sus hijos al nutriólogo porque “están gordos” (cero) y “cómo crees que yo voy a tener hijos así” (true story).

Piensen, plis, de dónde les viene ¡a ustedes! esa imperiosa necesidad de exhibirse y que la felicidad solo les llegue con los músculos y la talla 0.

El ejercicio y la alimentación sana son, sin duda, un must. Pero por salud física y mental. No para posar. Ni para exhibirnos. Ni para validarnos de ninguna manera.

Nuestro cuerpo no nos define.

No se vale tirarse al abandono y decir “pues ya qué, ya tengo 45” y dejarse ir como hilo de media. ¡No! Pero tampoco podemos permitir que nuestra vida gire en torno a cómo nos vemos y mientras tanto confundir a nuestros chavos poniéndoles un pinche estándar tan irreal y enfermo que, además, los haga pensar que nuestra aprobación vendrá de su apariencia. Y que los haga enfocarse tanto en eso que no puedan encontrar sus fortalezas, sus pasiones y la paz mental, tan indispensable en la vida.

Impúlsalos a buscar la felicidad en cosas realmente valiosas. A ser útiles. A ser buenas personas.

Enseñémosles a aceptarse como son, aceptándonos primero nosotros y teniendo dos rayitas más de humildad y amor propio. Déjate de obsesionar con tu cuerpo. Disfrútalo.

Formemos personas saludables y autodefinidas que puedan ser felices por lo que son, no por cómo se ven. Y con un amor propio real, no lleno de apariencias, filtros y complejos, heredados -o aprendidos- de nosotros.

Obsesiónate por eso.

¡En sus marcas… listos… fuera!

Valeria Stoopen Barois

L ´amargeitor

 

Este post fue previamente publicado por el Huffington Post México

*Foto portadaCAREY HOPE

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