Diapositiva1Hace unos días publiqué en mi página del feis un artículo informando que Starbucks, anunció eliminar, en un corto plazo, el uso de popotes en todas sus tiendas a nivel mundial.

Acto seguido una avalancha de comentarios. Varios positivos y entusiastas; la mayoría más bien del tipo “a ver si eliminan también sus envoltorios”, “las tapas contaminan más” (obvio no leyeron el artículo porque justo explica eso: las tapas son reciclables, los popotes no), “ya se habían tardado”  “Boing les ganó”(cosa que también publiqué en su momento y obvio, también repelaron) y demases comentarios desacreditando el tema.

A mí me importaba el rollo de la ecología, el reciclaje y el impacto ambiental en general, mucho antes de que fuera cool y se pusiera de moda.

Ha sido una causa de angustia permanente en mi vida desde siempre.  Soy la loca que anda llevando kilos basura de un lado a otro a centros de reciclaje; recojo basura del piso y cada que piso una playa dedico mucho de mi tiempo a recoger toda la mierda de la que están llenas. Mis hijos usaron pañales biodegradables cuando todavía eran muy rudimentarios, jamás compré una toallita húmeda, siempre cargo mis bolsas y rechazo las de plástico sistemáticamente; uso todo lo que existe biodegradable y lo más que puedo orgánico. Recupero el agua de la regadera en lo que se calienta, prefiero escaleras en lugar de elevadores, cargo mi botella de aluminio con agua a todos lados (aunque mi amiga Maria José se traume), pido sin unicel todo lo que compro, lavo platos y vasos cuando tengo invitados (o sea primero me muero antes de comprar algo desechable) y básicamente, trato de pensar siempre, cuál es la mejor elección ecológica en cada situación.

No soy extremista, hay cosas que son inevitables y a veces hay que soltar, pero siempre he sido así y más de una vez me han dicho que “qué rara”, “qué hippie”, “qué vaciada”.

Ahora por suerte ya es cool y el raro es aquel que no entienda todavía la relevancia que todas estas pequeñas decisiones tendrán en nuestro planeta a mediano, largo plazo y las que ya tienen hoy, en este momento, en nuestros mares, ríos, ciudades. El hecho de que estemos ¡por fin! como sociedad empezando a entender que ¡todo tiene que ver! y que la contaminación de lo que generamos, está directamente relacionada con el calentamiento global -y por lo tanto con la calidad de nuestra vida en general- es una extraordinaria noticia.

Por eso, cuando nos enteramos que, una compañía como Starbucks -#1 en retail de alimentos y bebidas a nivel mundial- o como Boing, o como cualquier otra, anuncian decisiones de este tipo es para pararse y aplaudir. Porque sí, claro que hay mil cosas más que pueden hacer, eliminar de sus tiendas y dejar de usar. Por supuesto que una medida no resuelve la problemática general.

Pero les tengo dos noticias:

  1. Los grandes cambios empiezan con pequeñas acciones.
  2. Ninguna compañía en el mundo va a salvar al planeta.

Los que podemos salvarlo o acabarlo de rematar somos tú y yo, con cada una de nuestras acciones y decisiones, todos los días.

Todo lo que compramos, lo que desechamos sin pensar si puede servir nuevamente, lo que no separamos, las veces que te bañas al día (neta 2 o 3 veces al día es criminal) y el tiempo que tienes abierta la regadera, nuestras mesas de dulces tan preciosas en las fiestas, las cien vueltas a todos lados en coche y claro, lavarlo a manguerazos; el unicel, los pañales Huggies, los vasos, platos, cubiertos desechables, los pinches popotes en cada bebida que piden, las toallitas húmedas que usan para limpiar a sus hijos a cada rato en lugar de usar agua y jabón con moderación. Los millones de juguetes o cualquier cosa con tiempo de vida útil mínima. Las pinches colillas de los fumadores. El jabón lleno de químicos con el que lavan la ropa y se va directitito a nuestros mares y ríos (y que además es tóxico para nuestras familias). Los litros de suavitel, de fabuloso, del spray para que huela rico; los atomizadores de cualquier cosa. ¡El clorooooo! Las servitoallas -en lugar de un trapo que puedas enjuagar y reusar mil veces- en fin… miles y miles y mileeeeees de cosas y acciones que nunca nos ponemos a pensar que hacemos y usamos en nuestra vida t-o-d-o-s-l-o-s-d-í-a-s.

Qué les parece si antes de ponernos tan críticos y señalar todo lo que está mal con una compañía que anuncia una medida tan importante, les propongo que revisemos ¡y repensemos! en qué podemos contribuir nosotros, desde nuestras posibilidades.

La gran relevancia de que una compañía como Starbucks anuncie algo así, es que el tema empiece a ser visto. Que inspire a otros a hacerlo, que ponga el ejemplo y que aliente así, a otras compañías a seguir el camino e ir implementando pequeños cambios que se vayan haciendo grandes para tener impactos más profundos.

Por algo se empieza y eso siempre hay que aplaudirlo.

Te invito a que estas vacaciones pongamos nuestro granito de arena.

En cualquier parte del mundo en dónde estés: pide sin popote tus bebidas exóticas, di no al unicel, recoge basura y no aceptes bolsas (ni nada) desechable. Infórmate, involúcrate, concientízate, enséñale a tus hijos a tomar mejores decisiones y a ser mucho más conscientes del maravilloso lugar en que vivimos que se llama Tierra.

Empecemos nosotros también, con pequeñas acciones y mejores decisiones.

Reduce. Reutiliza. Recicla.

¡Repiensa!

L´amargeitor

 

*Este post fue previamente publicado en la Revista Mai

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