Diapositiva1Y luego, a veces, la vida se pone culera…

Resulta que la parte de la historia de “y vivieron felices para siempre” no era cierta y que independientemente de si estemos solos, acompañados, o haciéndonos mensos, la realidad siempre nos alcanza.

No sé si ya se dieron cuenta– y si no espérense 5 minutos- pero por más que tratemos de guardar la mugre abajo del tapete, eventualmente, todo se desborda y la caca flota.

Y es que nadie nos enseñó a cuidar nuestra almita. A ventilar nuestros dolores. A enfrentar nuestros demonios. Estamos en una sociedad en donde aceptar nuestras limitaciones emocionales no es parte de la orden del día y en caso de que lo fuera, no tendríamos ni idea de por dónde comenzar.

Vivimos, todavía, pensando que atender nuestra mente – y nuestro corazón- es de débiles. De locos. De “pobrecito y no digas nada porque shhhh”

Tendríamos que empezar a cambiar esa ecuación porque ¿les digo una cosa? ¡nadie está exento! Nadie se va a salvar nunca de los momentos pinches, de los duelos, de las adicciones, de los dolores de la vida y sus separaciones. Nadie nos vamos a salvar de nosotros mismos y probablemente nos vamos a empezar a ahogar -o a perder- si no aprendemos ¡ya! a pedir ayuda.

El mundo sería definitivamente un mejor lugar si ir a terapia fuera obligatorio para todos permanentemente. Si no tuviéramos que esperar a que nos truene el cuete para hacer algo al respecto y ponernos a trabajar en nosotros. Las relaciones serían completamente distintas si la terapia de pareja no fuera el último recurso antes de mandarse al diablo y, sobretodo, transitaríamos por la vida infinitamente más tranquilos y mucho ¡mucho! más felices.

A mi en lo particular ir a terapia, siempre me ha encantado. Claro que me cuesta un huevo empezar cuando sé que ya es hora, porque voy con el compromiso de no hacerme mensa y enfrentarme a mis demonios y eso, siempre, cuesta mucho trabajo y probablemente es la razón por la que la mayoría sigue sin ir. Pero no hay mejor herramienta en la vida que saber quién eres realmente, de dónde vienen tus enojos, tus enganches, cómo te boicoteas y sobretodo cómo le vas a hacer para reconstruirte, o, por lo menos: mirarte.

Mirarnos y auto validarnos son las dos principales facultades que tendríamos que aprender en kínder 1 porque de ahí se deriva el resto de nuestra interacción con el mundo para el resto de la vida. Así, podríamos siempre observar antes de juzgar, ponernos en el lugar del otro y ser más empáticos -evitando un chingo de conflictos- protegernos antes que ponernos de tapete de todo el mundo y no andar por la vida buscando aprobación y amor en lugares completamente tóxicos y equivocados. No sé a ustedes, pero a mi, me parece que ya con eso, estaríamos del otro lado.

Mayo es el mes de la salud mental y me parece de locos -valga la redundancia- que eso nos siga sonando como para los que están internados en un manicomio. No señores. La salud mental nos compete a todos, todos los días. Y no la de el de junto que tan fácil nos resulta catalogar…¡la nuestra!

¿Qué tal andan de sus apegos? ¿Su control? ¿Su codependencia? ¿Su adicción a las cubas? ¿A las señoras? ¿A evadir cualquier tipo de intimidad y refugiarse en cualquier tipo de exceso? ¿Qué tal están de sus heridas infantiles y sus huellas de abandono? ¿Cómo anda su relación con su mamá, ya le dieron el golpe? ¿Cómo manejan sus enojos? ¿Qué tanto le soportan al marido en aras de vivir tranquilas o no perder su status? ¿Qué tan profundos sus dolores? ¿Qué tal la llevan con aquello de no afrontar nada y pasarse la vida negando y culpando a los demás de sus infelicidades? ¿Cómo les va saliendo eso de hacerle toooodo a sus hijos y definirse como personas a través de ellos? ¿Qué tan bien están manejando lo de sus divorcios y, más o menos, cuánto están pasando a joder a sus hijos, por joder a su ex, sin entender que el problema solo son ustedes y sus egos? ¿Cuándo fue la última vez que se sentaron a hablar con sus parejas y neta evaluar en dónde están parados y si ese lugar es el en el que quieren estar, o está de la chingada? ¿Cómo se sienten ustedes con ustedes….la neta? ¿Cuántos están reaaalmente dispuestos a arremangarse y ponerse a hacer lo necesario para darle la vuelta a su desmadrito, cueste lo que cueste y salga lo que salga?

La salud mental es absolutamente todo eso y muchísimo más. Somos nosotros, caminando por la vida sin tener idea de a dónde vamos, acumulando, aguantando, ignorando…hasta que un día ¡pum!

Como dice mi amiga Renata: “la vida, en su avalancha, nos alcanza”

Algunos tienen una brújula mejor que otros y saben reaccionar pronto y tomar cartas en el asunto, otros se tardan, pero aceptan ayuda cuando se les ofrece y luego hay otros, normalmente los más perdidos, que siguen insistiendo que tienen todo bajo control y que el pedo, son todos los demás. O que sí, que sí está muy jodida la situación y ya no pueden con su alma ni son capaces de hablar 30 min de “su” tema sin ponerse a chillar, pero que de ninguna manera se van a tomar nunca un chocho porque “¡eso si que no!”

Y yo me pregunto ¿pooooor?

¿Porqué tenemos TANTA resistencia a atendernos de nuestra mente y nuestras emociones?

¿Porqué la depresión es una cosa como la lepra y no una enfermedad como cualquier otra que tiene remedio?

¿Por qué nos da pena asumir nuestras condiciones mentales?

Si tenemos cáncer vamos al oncólogo inmediatamente y hacemos todo lo que nos digan los médicos ¿no? Si nos duele un diente, corremos al dentista porque todos sabemos el pex que es dejar que un dolor de muela no se resuelva. Nos tomamos todas las medicinas posibles para absolutamente cualquier cosa porque no queremos que nada nos duela… pero ¡dios nos libre! de tomarnos una happy pill para poder tomar mejores decisiones  y seguir con  nuestra vida.

¡Increíble que los mismos doctores no sepan detectarlo cuando es una de las enfermedades más comunes de nuestra era! ¡Cómo es posible que ellos no sean los primeros en decirnos: ve al psiquiatra, busca un terapeuta, tus achaques son producto de la depresión!

Según la OMS, al menos 300 millones de personas sufren depresión -18% más que hace 10 años y en aumento- y otros 260 millones sufren algún tipo de trastorno de ansiedad…eso, es ¡un chingo! de gente y estoy segura de que la mayoría de los que estamos aquí, formamos parte de la estadística.

¿Y entonces?

¿Qué vamos a hacer al respecto?

No soy ninguna experta, pero propongo que, para empezar, nos pongamos a leer.

A informarnos. A saber de qué se trata y perderle el miedo. A hablar del tema y que nuestros hijos lo dominen para que el día de mañana sepan mirarse y entender que tal vez lo que tienen se llama depresión, que no tiene nada de malo y que es completamente curable si se detecta y se ponen en buenas manos. A perderle el miedo, saber que existe , a  conocer sus síntomas… ¡a ir con un experto!

Saber que no es algo de “echarle ganas”, que cuando los neurotransmisores se joden, pues eso: se joden y necesitan ayuda para resetearse. Y que sí, sí puede ser un largo camino para encontrar la dosis y combinación perfecta para cada quién, pero no hacerlo implica cosas mucho más horribles como vidas completas desperdiciadas, e infelices, o peor aún: vidas terminadas antes de tiempo, o personas completamente perdidas en todo tipo de adicciones que utilizan como mecanismos de compensación y sobreviviencia para evadir la realidad de su ego enfermo. O todas las anteriores.

Preferimos pasarnos la vida pretendiendo ¡cualquier cosa! antes que asumirnos y aceptarlo. Toda esa seguridad, arrogancia, las montañas de dinero y todo lo que podemos comprar, beber y postear en Instagram, son la manera más primitiva de escondernos de nosotros mismos.

Me parece un precio carísimo, desperdiciar nuestra vida, siendo absolutamente infelices.

Creo que va siendo hora de vernos en el espejo y decirnos la verdad. Todos. Absolutamente todos tenemos asuntos sin resolver. Algunos necesitamos un chocho, otros nada más terapia, otros tres tipos de terapia, más chochos, más una limpia. Otros tenemos la suerte de tener amigos y familia extraordinarios que están ahí todos los días checando cómo vamos, recordándonos quiénes somos, dándonos la mano -o la patada en el culo que nos hace falta, dependiendo el caso- cada quién su situación. Pero lo que es un hecho es que no podemos seguir yendo por la vida pretendiendo que todo esta OK, soportando situaciones inaceptables y comportándonos como unos niñitos berrinchudos enojados con su mamá.

No. No es fácil. Ni rápido. Ni mágico. Los procesos toman mucho tiempo son muy dolorosos y ponen a prueba nuestra paciencia y determinación. Romper patrones de años cuesta un chingo, pero ir despiertos por la vida vale absolutamente cada minuto del viaje y es, sin duda, lo mejor que podemos enseñarle a nuestros hijos y regalarnos a nosotros.

Hacer lo que haya que hacer para ser mejores y hacerlo bien para que cualquier cosa que iniciemos, terminemos, o queramos establecer, esté hecho desde la responsabilidad, la madurez y, sobre todas las cosas, el amor por nosotros mismos y aquellos que más queremos.

Porque el único responsable de mi, soy yo.

Haz lo que tienes que hacer

L´amargeitor

 

*Este texto fue previamente publicado en SobrevivientesMX

2 Comments »

  1. Tal vez si existan los finales felices, sólo que si aún no eres felíz, es por que toda vía no es el final, no crees? si bien es cierto que hay que trabajar en nosotros mismos, despegarnos de lo que puedan creer de nosotros y no darnos si no lo valen, pero aun asi, la vida me ha enseñado que las prsonas son lo unico que te hacen cambiar, enfrentar tus problemas, darte cuenta de tus errores y darle un sentido a tu vida. Recuerda que a cuanta más oscuridad te expongas, más brillarás.

    Enserio me sirvio mucho este artículo.

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