Oigan…

¿Y cómo van con eso de lo de que regresar a la escuela de manera presencial no tiene ni pa´ cuando?

Lo digo porque arrancamos la “cuarentena” convencidos de que era un asunto de un par de mesecitos encerrados, luego unas buenas vacaciones jetseteras y ¡listo! estaríamos todos de regreso a “la vida normal” a más tardar el 1 de Septiembre.

Pero con la novedad…

Con la novedad de que no entendimos nada desde el primer minuto.

Con la novedad de que vivimos en el tercer mundo en cuestión de malas decisiones, pésimos líderes y una pendejez social infinita.

Con la novedad de que no estamos, ni cerquita, de regresar a algo incluso aproximado a “lo normal” y que, probablemente, nunca regresaremos a lo que era.

Que, así como a nuestros abuelos y bisabuelos les tocaron guerras, migraciones y situaciones (para mi punto de vista infinitamente más graves y dramáticas), a nosotros nos tocó este pinche bicho que vino a cambiar el mundo que conocíamos para siempre.

Con la novedad de que vamos a tener que aprender a hacer, y a interactuar, de manera distinta.

Y eso empieza queridas mamás y papás… sí… con la escuela.

Ahora que ya sabemos que la hecatombe del “homeschooling” continuará, me parece fundamental que tengamos claras ciertas reglas básicas por la salud mental de todos los involucrados y que a continuación enlisto:

1.- Acuérdate, mamá/papá, que tu NO eres maestr@, profesor, educador. Nadie te preparó para esto y es normal que no sepas cómo chingados se hace.

Baja por favor tu nivel de auto exigencia y respira.

Ten paciencia. Ten empatía. Ten clemencia.

2.- Nuestros hijos NO pidieron esto. Ni saben cómo se hace. Ni están diseñados para estar HORAS sentados aprendiendo matemáticas ¡nunca! y mucho menos a través de una pantalla, solos, o con su mamá o papá cagoteándolos sentados junto a ellos. No la están pasando bien. No está divertido. No es normal. Nuestros hijos van a la escuela para socializar, más que para aprender, y estar aislados les afecta infinitamente más que a ti y a mi.

Baja por favor tu nivel de exigencia y respira.

Ten paciencia. Ten empatía. Ten clemencia.

3.- Los profesores, maestras y escuelas NO son especialistas en dar educación en línea. Nadie los preparó para esto y estarán haciendo su mejor esfuerzo con los recursos que tienen.

Baja por favor tu nivel de exigencia y respira.

Ten paciencia. Ten empatía. Ten clemencia.

4.- El nivel académico y las calificaciones (a menos de que sea dramático como en el caso de la educación pública y la gravedad de las medidas que han tomado en la localidad con la decisión de darle prioridad a la TV abierta, en lugar de a la educación en línea) Va-len-Ma-dres.

Bájenle por favor 100 rayas a la imperiosa necesidad de que sus hijos saquen 10 en todo, hagan todas las tareas y sean los primeros de la clase.

¡Eso jamás ha sido relevante!, y ahora ¡menos que nunca

5.- Propongo que, tanto las escuelas como los papás, nos enfoquemos en navegar estas aguas turbulentas entendiendo qué es lo que nuestros hijos sí necesitan aprender y nos olvidemos de las pinches calificaciones tantito:

a) Aprender a enfrentar y manejar una crisis. Porque sí, la vida, se les va a poner culera muchas veces.

b) Aprender a ser resilientes, sacar lo mejor de lo peor y adaptarse. Porque esto es lo que hay hoy.

c) Aprender a expresar su enojo. Su frustración. Su tristeza. Su estrés.

¿O ustedes pensaban que vernos como leones enjaulados, rebasados, peleándonos con la pareja y trabajando todo el día, más su propia aburrición, extrañar a sus amigos, perder sus rutinas y soportarnos a nosotros no les afectaba?

d) Aprender a hacer las cosas SO-LOS.

Eso quiere decir dos cosas: 1. Que las escuelas dejen tareas que los niños puedan resolver por ellos mismos sin un adulto involucrado, (porque no mamen, entiendo que algunas escuelas sí se pasaron tantito de la raya con el grado de dificultad de las tareas y la carga de trabajo), y 2. Que los papás dejemos que los hijos las hagan sin importar la calificación, SO-LOS, y nosotros nos podamos liberar y nos enfoquemos en lo que sí nos importa hoy: que aprendan a resolver y a hacer con la menor ayuda posible (porque también sé de muchos papás que para tenerlos ocupados, o pensar que así su colegiatura estaba sirviendo para algo, ¡exigían más trabajo para las pobres criaturas!).

6.- Aprender, nosotros, a ocuparnos de nuestros hijos.

Porque estábamos acostumbrados a que alguien más se encargara de ellos: la escuela, las 25 clases de la tarde, las “nanitas” (por cierto, no puedo con ese término, me enferma) la enfermera, el chófer (“de tooooda nuestra confianza”) la otra mamá (esa que siempre está cuidando a los hijos de las demás) y etcétera, etcétera, etcétera….

La verdadera verdad es que la gran mayoría de nosotros no.estábamos.ocupándonos.de.nuestros.hijos.

Y eso, eso está MUY cabrón.

Y es, sin duda, la principal razón por la que estamos, todos, azotándonos contra las paredes. Porque no estábamos acostumbrados a estar con ellos. Sin importar su edad.

Es la razón, por ejemplo, por la que algunas mamás de niñ@s muy pequeños les parece una idea ¡genial! hacer “mini grupos de homeschooling con toooodas las precauciones amigaaa” contratando a una miss que les “ponga mil actividades lúdicas porque si no neta qué preocupación se van a atrasar miiiil” -exclama la mami del niño de 2 años….-  (she rolls her eyes) 

A ver señoras, con todo respeto 1. No mamen ¿ya se oyeron? 2. En la época de mi abuela los niños iban a la escuela a los seis años, antes de eso, estaban en sus casas comiendo tierra y, desde dónde yo la veo, a  la generación de nuestros papás no les pasó nada, al contrario. Y 3. Las escuelas están cerradas JUSTOOOOO para evitar que los niños se contagien y contagien a todos los demás… ¡no es una cuestión de cuántos niños, es una cuestión de no pinches juntar a los niñooooos!

Carajo me cae que la pendejez no discrimina y es, definitivamente, infinita.

Ese lemita de “haz lo que te de paz” funciona siempre y cuando no estés afectando a los demás y balaceándole el pie al esfuerzo de todos los demás. Si todos vamos por la vida haciendo lo que se nos de la pinche gana (perdón ,“paz”) sin ningún tipo de criterio, les puedo garantizar que vamos a seguir encerrados de aquí, al 2025.

No mamen. Tantito sentido común y tantito chínguense a sus hijos y asuman.

Asumamos todos.

Por favor.

Probablemente nuestros hijos, sin importar su edad, van a aprender menos de lo que se supone que tenían que aprender en la escuela este año.

Sí.

Pero ¿les digo una cosa?… vale absolutamente madres.

Porque TODO el mundo, literalmente, va a estar igual.

Porque este año no se va a tratar de calificar. De ser el mejor. De sobresalir en todo. Se va a tratar de aprender a sobrevivir. A navegar. A resolver. A expresar. A aceptar.

A entender que esto está muy, pero muy, lejos de pasar. Que la vacuna que funcione va a tardar en llegar, que las olas de contagios van a ser lo normal, y que vamos a tener, todos, que aprender a seguir apechugando y buscar nuevas formas de existir.

¿Está padre?

¡Claro que no!

Pero esto es lo que hay.

Me parece que la lección, hoy, no se trata de sacarse 10 en la escuela, ni de ser la mejor mamá/maestra, ni de palomear todo, ni de reventar nuestras relaciones a costa del calendario escolar.

Se trata de aprender a vivir diferente y aceptar.

Y que eso… eso tal vez no esté tan mal.

L ´amargeitor

*Esta columna fue previamente publicada en Cuestione

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