Me pasa cada vez más seguido escuchar a mujeres de mi edad (y más chicas … y más grandes) decir que quieren trabajar pero:

Es que nunca han trabajado porque se casaron chicas y tuvieron hijos y no saben por dónde empezar, ni qué saben hacer.

Es que lo que hacían ya no es compatible con su vida.

Es que «tengo hijos y no voy a poder por que a qué horas».

«Es que mi marido no me deja porque no nos hace falta».

Es que «quién me va a contratar».

Es que «no sé ni por dónde empezar».

Es que «no sé hacer eso».

Es que «es muy poco dinero y la verdad así no vale la pena » 

Es que «no me puedo ir porque si no mi casa, mis hijos, mi marido (y todos los etcéteras) no funcionan sin mí».

Es que «no es tiempo».

Es que «no tengo dinero para empezar mi negocio».

Es que mi esposo dice que «qué ridícula que a mi edad quiera empezar».

Es que «tú qué suerte».

«Es qué cómo me voy a organizar »

«Es que no voy a poder y mis hijos lo van a resentir »

Es que.

Es que.

Es que.

Déjenme decirles algo:

Las entiendo perfecto. Yo también los dije todos (menos los de los maridos).

Créanme.

Pero si algo he podido observar entre las mujeres que “lo logran” y las que se quedan atrapadas en el cilindreo eterno de los esques es, nada más, la voluntad de hacerlo.

No hay nada más poderoso que una mujer en modus sobrevivencia y estoy segura que todos aquí podemos dar ejemplos de una, o varias mujeres que ante la adversidad, se engrandecieron y se pusieron a remar.

Pero y entonces… ¿qué pasa con todas las demás? 

Con ustedes, las que me escriben

Contigo, que me lees hoy.

¿Por qué hay tantas mujeres esperando que el mundo se les acomode para empezar a hacer algo por ellas mismas?

No me odien por decir esto pero la única respuesta que encuentro es:

Por miedo.

Y no lo digo por decir.

Lo digo por qué yo también estuve ahí, sin saber qué hacer, después de 10 años de poner mi vida profesional en pausa y no teniendo ni puta idea de por dónde volver a empezar.

Aterrada

Bloqueada

Con cero confianza en mí y sintiéndome absolutamente rebasada buscando todas las excusas posibles para seguir cómodamente sentada en la montaña de mis inseguridades y mis miedos.

Todo lo que me puedan decir para explicarme, me lo dije yo primero y créanme ¡todas! son eso: miedos.

No puedo darles ningún remedio rápido. No hay ni fórmulas mágicas, ni recetas secretas, ni cosas hechas a la medida. 

Lo único que les puedo compartir, y que me sirvió a mí, fue tomar la decisión de que era hora de hacer algo por mí, antes que por alguien más, y a partir de ahí empezar a pensar qué podría yo hacer y, como no tenía ni la más remota idea de por dónde, decidí hacerlo al revés y empezar por descartar lo que noooo quería.

Una cosa importante en mi proceso fue abrirme a la posibilidad de hacer algo diferente a lo que yo sabía hacer y estar dispuesta a aprender y a flexibilizar mis competencias y, lejos de buscar un trabajo hecho a mi medida, decidí  buscar trabajos en donde yo pudiera aportar.

No, no fue fácil. 

Ni cómodo. 

Ni rápido. 

Es sorprendente cuánto puede uno olvidarse de uno mismo y reconectarse con su autoestima y su potencial.

Pero eventualmente conseguí una chamba -a la que le fui a decir las razones por las que ellos me necesitaban a mí- que primero me bateó y luego me dijo que siempre sí, en donde aprendí muchas cosas que no sabía hacer y para las que resulté buenísima y pude recordar la delicia que se sentía ser yo otra vez.

Se sintió como meter los pies en unas de esas botas de borreguito -de hecho esa fue la primera columna que escribí en mi vida y si lo quieres leer haz click aquí

Y a partir de ahí las cosas sucedieron solas. 

No. No es cierto.

Sucedieron. 

Y cada que sucedían, yo me cilindreaba y me volvía a morir de miedo.

Cuando la jefa me aventaba a ruedos que me paralizaban. Cuando me enteré que lo que escribía, gustaba. Cuando tenía que malabarear a mis hijos. Cuando tuve que aprender que la ayuda era necesaria y eso no me hacía menos buena mamá. Cuando entendí que “ser buena mamá” está sobrevalorado  -¿quién chingados mide eso además, anyway?- ah, y que a veces, ser mala mamá es lo que hay y todo el mundo sobrevive. 

Cuando no podía con todo. Cuando estaba exhausta. 

Cuando corría de un lugar a otro y era como malabarear un circo de diez pistas. 

Cuando tenía que hacer cosas que no sabía hacer y me incomodaba crecer.

Cuando me corrieron… y ¡otra vez! no tuve idea por dónde pinches empezar.

Si algo les puedo decir es que regresar a chambear es todo, menos fácil. Que uno vive cansado y con la culpa de desatender una cosa u otra, siempre.

Pero ¿les digo qué?

Vale. Absolutamente. Toda. La. Pena.

Nada, nunca, jamás de los jamases, se compara con ganar tu propio dinero, aunque sea poco.

Toda esa chinga me la paraba yo por muy poca lana, la paga real era la otra: la de volverme a sentir útil y realizada profesionalmente. Cambiando de tema. Expandiendo mis horizontes. Aprendiendo de otros y de mi y sí, viviendo en chinga, pero mucho más feliz.

Cuando fue el momento de soltar mi última chamba godín (que tiene taaaantísimas ventajas) y apostarme a mi, me volví a morir de miedo. 

Cuando acepté dar mi primera conferencia pensando que jamás llegaría el día y cuando llegó, pensé que me moría. Miedo.

Cuando me encontré a unas viejas locas y nos pusimos a hacer un podcast. Miedo.

Cuando llegó una pandemia y me tuve que poner a hacer videitos -que tanto me chocaban- y a dar conferencias, pero ahora por video. Miedo.

Todas. 

Todas esas veces me he muerto de miedo.

Y así me he ido, de una angustia a la siguiente y jalándome los pelos.

Uno se va acostumbrando a manejar los miedos y aunque no me crean, se aprende a disfrutarlos. 

Retarse se vuelve una necesidad. Y una manera de crecer continuamente.

Así que digan que sí. 

Aunque no sepan cómo.

Aviéntense a la alberca sin esperar a tener todo listo, a que sea perfecto, o a que sepan cómo diablos lo van a hacer… les aseguro que no se van a ahogar. 

Aviéntense.

Los esques, son nuestros mecanismos de protección y nuestros miedos disfrazados.

Soltarlos y aprender a malabarear se va haciendo más fácil y le hace bien a todos los involucrados.

Pero sobretodo a una misma.

Porque cuando uno cuida a alguien más, primero se tiene que cuidar a uno. 

Es el principio de la mascarilla de oxígeno del avión ¿se acuerdan? No hay manera de que los nuestros estén bien si nosotras estamos mal. O a medias. O incompletas.

Estar en un lugar disque “cuidando“ a los demás pero insatisfechas, amargadas, frustradas y aburridas, solo hace que descarguemos en los otros nuestras amarguras y eso no es justo para ellos, ni para nosotras.

Hagan lo que quieran. 

Pero hagan algo porque la vida va más allá de ser mamás y esposas. 

Porque uno nunca sabe qué puede pasar mañana. Porque cuando las dos personas en una pareja ganan dinero, las parejas son más parejas. 

Porque las hijas nos están viendo… y también los hijos. Y porque se van a ir, ¿y luego qué vamos a hacer? ¿Y a ser? ¿La suegra metiche? No gracias.

Porque el mundo necesita que las mujeres participemos afuera de nuestras casas y nosotras necesitamos más mundo.

Sí van a poder. Se los prometo. 

Avientense, aunque sea con miedo.

PD. Para las de los maridos que “no las dejan” pues si son un tema bastante más profundo a considerar. 

Desde mi punto de vista, nuestra pareja TIENE que ser nuestro principal porrista, empuje, compañero y socio de vida.

En primera, porque para que nosotras podamos salir a chambear, ellos van a tener que entrar a nuestras familias y participar activamente, no hay otra forma. 

Y en segunda, porque si tú pareja te pelusea de cualquier manera, y te hace pensar que no eres capaz de hacer algo quitándote la capacidad de creer en tí de cualquier forma, me parece que entonces lo de ponerte a trabajar es urgente para poderte levantar de ahí e irte a buscar alguien que lejos de ningunearte, te ayude, te impulse y te inspire a ser la mejor versión de ti: creyendo en ti.

Pero ese… ese es otro tema y se los dejo de tarea.

*Esta columna fue previamente publicada en Cuestione

https://cuestione.com/opinion/como-manejar-miedos-lamargeitor/

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s