Diapositiva1Obvio no me refiero a los lugares estrambóticos que están por visitar…hablo de si ya están listos para ser pacientes, para convivir, para soltar sus aparatejos y ponerse a estar con sus parientes.

 

Porque típico que te pasas meses planeando la vacación de los sueños y ya que estás ahí al tercer día quieres ahorcarlos a todos ¿no? Y es que pensaríamos que la vida diaria es lo que nos enseña aquello de vivir en familia, en pareja o en cualquiera de sus derivadas, pero no, la verdad es que lo que realmente nos enseña a funcionar en familia -o a morir en el intento- es la vacación. 

La vida diaria hace que se nos olvide lo que es convivir, la chinga es tal que en el día a día lo que realmente hacemos es sobrevivir. Ir en modus robot de un lado a otro y robarnos ratitos para conectarnos con nuestra gente, pero siempre con un poco -o un mucho- de prisa. Pasar ciertos días en familia implica tener como principal objetivo, convivir con aquellos que la conforman y si lo hacemos bien, quiere decir que todos los involucrados vean qué otras cosas son capaces de hacer juntos. 

Hay mil tipos de vacaciones: las de conocer, las de pasear, las de visitar, las de aprender y las de, por supuesto, no hacer nada más que tirarte en un camastro con un buen libro y reventártelo en una sentada. Pero si vamos en familia, en todas, hay que encontrar momentos de convivencia, o de lo contrario, cuál sería el sentido. Claro que cuando son pequeños la vacación es, por decir lo menos: mortal.

No importando el tipo es ¡agotador! sacar a los niños pequeños de su rutina y arrearlos, entretenerlos, pasearlos, alimentarlos cada 30 segundos – la vacación da mucha hambre- lograr que duerman la siesta pa que no estén cagantes, subir y bajar la pinche -y bendita- carriola, contaminar el mundo con las cien mil toallitas por día que hacen falta para hacer control de daños y ni se diga si la vacación con chiquitos es en la playa ¡esa sí es como correr un maratón! …hay que ir a una alberca, a la otra, a la de allá, ahora al chapoteadero, y luego al mar, pero luego a hacer castillos -o eso que juramos que es un castillo y solo es una plasta que nos costó la mitad de la espalda y una mega achicharrada- pero “mamá cárgame porque no me gusta que se me pegue la arena” pero “mamá ayúdame porque mejor si me gustó jugar a estar empanizado”, pero “tengo hambre”, pero “tengo sed”, pero “¿te metes conmigo?”, pero “no quiero crema” -y el pleito reglamentario para embadurnarlo y re-embadurnarlo- pero el tobogán, pero quiero unas papas, pero “mira mi clavado, no este, no este, no ahora si me va a salir mira mamá/papá miraaaa”. UUUUUFFFF  ¡ya me cansé solo de acordarme! ¡Con qué ansia esperaba que cayeran rendidos en una palapa un rato para poder echarme a verme los pies en estado catatónico esperando que volviera a despertar la criatura, –realoded– por supuesto para empezar de cero otra vez! 

La vacación agota, reta, relaja, divierte, y a veces también, hace que nos queramos defenestrar. Hacer familia no es fácil ¿quién no extraña esas vacaciones solo con amigos en donde uno hacia su santa voluntad permanentemente? y no hablo de esos días que de pronto nos robamos para escaparnos ahora que somos grandes, hablo de ¿se acuerdan cuando solo eran ustedes? ¡Qué delicia…! Pero la vacación ahora es así y es increíble también poder compartir el mundo con los hijos. Para mí, sin duda, el mejor regalo que puedo darles es abrirles las puertas hacia otros lados, a que sepan asombrarse de lo que el hombre es capaz y lo que la naturaleza nos puede maravillar.

Observar, aprender, conocer otros modos, probar otros sabores, respetar otras maneras de ser, de rezar, de hablar, de actuar…saberse adaptar a otras maneras de ser y de hacer, es fundamental para la resiliencia y sobre todo para el futuro del mundo. Necesitamos formar personas empáticas y respetuosas a los demás y que entiendan que el mundo va mucho más allá que la marca de sus zapatos, los likes de su foto de ayer y la comida solo como a ellos les gusta.

Abrirles el mundo hace que se les abra la cabeza. Que entiendan que sus problemas no son los únicos problemas y que su lugar privilegiado no es el de la mayoría.Que puedan ver otras realidades hará que en el futuro puedan involucrase con ellas, que aprendan a ponerse otras pieles y se inspiren a luchar por un mundo mejor.

Hay que sacarlos no solo por la foto, hay que sacarlos a ver de qué está hecho el mundo. Y no hablo de ir a Africa -aunque no tengo nada en contra y también es educativo en muchas formas- hablo de este México que tanto nos necesita y donde hay casi tanto que ver, como que hacer.Hay todo tipo de presupuestos y todos los viajes sirven para algo: como decía mi abuelo “los viajes ilustran a la juventud” y me parece totalmente cierto.

Sea cual sea su plan esta vacación ¡disfrútenla! pero aprovéchenla también para desconectarse de la pantalla y conectarse con ustedes, con su pareja, con sus hijos, con quien sea que vayan: saquen la nariz de ahí y dejen que el mundo entre con todo su esplendor en sus ojos y les engrandezca el corazón. 

PD.¡AH! y hagan lo que hagan NOOOO se tomen la foto sexosa en bikini y la suban al Instagram…eso ¡siempre! está muy mal #QuéOso 

L´amargeitor

 

+Este post fue previamente publicado por la Revista Moi

 

 

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