Sin pretensiones

Diapositiva1En mi último post hablaba de todo lo que en esta era puede uno hacer con una pantalla y un dedo. La maravilla que es disponer del mundo para lo que sea y donde sea. Se me quedó pendiente aquello de: el uso apropiado de las redes sociales. No soy ninguna experta, esta es solamente mi opinión en la que al hablarte a ti, me estoy hablando a mí y, si te parece bien, ahí va…

Esta costumbre que tenemos, todos, de postear sin cesar todo lo que hacemos, lo que comemos, lo que nos ponemos, me está empezando a hacer muchísimo ruido. Sinceramente, y me incluyo en ambos lados (el que postea y el que lee), ¡a quién le importa!

Entiendo por ejemplo que para la gente que vive de la moda y tiene patrocinios, parte de su deal es postear su “#lotd”; que el que es crítico de restaurantes, fotografíe todo lo que come o el chef lo que cocina. ¡OK, es chamba! Pero, y todos los demás ¿qué estamos haciendo?

Efectivamente las redes sociales nos sirven para muchas cosas.

Son increíbles para reencontrar gente que tenías perdida en la vida, yo recuperé dos grandes amigas de la infancia que viviendo fuera de México, tenía perdidas. Para mantenerte en contacto con amigos y familiares que están lejos y saber en qué están. Para solicitar ayuda de datos, contactos, personas. Para reírte de estupideces, ver cosas increíbles, aprender cosas nuevas, compartir información valiosa e interesante, crear consciencia de algo y, básicamente, para pasar un rato con el cerebro en stand by.

Todo eso me parece perfecto.

Peeeeero…

No creo necesario tener que ver qué se pone mi amiga t-o-d-o-s los días. Qué cocina la otra diariamente para su familia, la dieta que alguien está llevando a cabo paso a paso, ni todos los antros a los que va el señor cada fin de semana, incluyendo los drinks que se tomó en cada uno y las chicas tan guapas que lo acompañan.

Sobre todo, no me interesa leer, o ver, puras cosas negativas, alarmantes y pesimistas (los que le van al Peje, los que lo odian, los que nos bombardean con lo poco capaz que es el gobierno que tenemos y todas sus cochinadas, los de las fotos de animales maltratados, experimentos terribles y todos los etcéteras que caben aquí). El poder de convocatoria de las redes es real y es enorme, (pregúntenle a Carmen) usémoslas pues para generar cambios, no para quejarnos de todo lo que está mal. #Propongo. Y de pasada pliiiis, antes de postear en automático: ¡confirmen sus fuentes! La información es una herramienta poderosa y hay que ejercerla con responsabilidad a riesgo de perder toda credibilidad por andar posteando falsedades.

O que tal la “amiga” que d-i-a-r-i-o se queja de alguna dolencia tipo: “…aaaay mi rodillaaaa, corrí 43 kilómetros y me duele horriiiibleeeee…” ¿es neta? ¿qué está buscando esa persona con un post así? ¿que nos preocupemos realmente por su rodilla o presumirnos que corrió 43 km?

En el caso del FB, alguna vez alguien me reclamó por no aceptar de amigo a su hijo (de 10). En primer lugar, es ilegal abrir cuentas a personas menores de 12 años ¿sabías? y en segundo, lo que yo posteo no necesariamente es clasificación A, ni me interesa que lean cosas que opino y que no tienen todavía la capacidad de contextualizar, ni quiero estarme cuidando de ser apropiada.

¿Y qué tal los “amigos”? Tenemos ahí a quien sea con tal de sumar y sentirnos súper populares pero en el fondo (o ni tanto) nos valen totalmente gorro, los viste una vez y los agregaste o incluso te caen mal pero los tienes y, además, les estamos dando información de nuestra vida personal de manera continua.

Hay gente que todo el día nos avisa dónde está. El Foursquare dichoso que publica cada paso que das, me parece número uno: nefasto y número dos: peligroso. Tristemente no vivimos en Noruega y estarle anunciando al mundo dónde estás cada minuto es un riesgo grande que cualquier especialista en redes y tecnología te dará como regla número uno de qué no hacer.

O estos grupos de mamás que postean todas sus preocupaciones y experiencias, lo cual me parece que esta padre, pero que toman decisiones de salud y bienestar de sus hijos con base en la opinión de 4,689 mamás que ¡no conocen! Y buscan respuestas importantes en esos grupos en lugar de con especialistas.

Y ¿Qué opinan de los chats del bendito WhatsApp? Híjole. Sí. Es una herramienta maravillosa: la AMO. De las cosas más útiles de mi vida diaria. Pero esto de los grupos es, francamente, una pesadilla. Esos en donde hay 17 personas (o más) random que no conoces tan bien (escuela, familia, padres de familia, etc.) y donde puedes resolver en dos minutos temas que involucran a todos o estar en contacto. Buenísimo. De ahí a que toooodo el mundo ponga toooodo lo que se le ocurre hay una GRAN diferencia. Una cosa es que sean tus cinco amigazos y sea legal que no haya filtros (esos son una gozada). Pero los otros son muy peligrosos. Especialmente cuando empiezan a mandar cadenitas y oraciones o a tener conversaciones de dos en medio de 17 ¡por el amor de dios hagan un chat privado!

Lo mismo en FB en donde a raíz de un post se inicia una plática de algo que nada tiene que ver pero todos tenemos que presenciar y aquí incluyo todo lo que sea entre dos y que al resto del mundo no le interesa: declaraciones de amor, estatus de proyectos, opiniones de otro tema, solicitud de contactos, etc etc etc… un tip: INBOX.

Creo que la línea debería de ser así: mientras tu post sea legítimo, es decir, con la pura intención de compartir o informar algo que a alguien puede serle útil de alguna manera: adelante. Pero si tu post tiene atrás la necesidad de que te adulen, aplaudan, pobreteen o admiren, la verdad deberíamos, todos, de abstenernos. Lamentablemente las redes cada día se llenan más de esos, de los que están “fishing for compliments”, buscando que alguien te diga: ¡wow eres lo máximo! y eso es un indicador grave de cómo estamos como sociedad y como personas.

¿Qué hay atrás de cada post? Esa es la cuestión.

La de 10 está justo en la edad en dónde el mundo de las redes sociales comienza. Después de un par de años de negarme accedí a que tenga Instagram. Dentro de todo me parece de los menos inofensivos y dónde puedes “blindarte” mejor, si eso es posible. Pero entonces comienza todo este aprendizaje/enseñanza de que tomarse selfies todo el día y postearlas no está bien: el mundo no necesita admirarte continuamente. Exponerse, además, tiene muchos riesgos e implicaciones. Tatuarle en la cabeza que la validación y autoestima jamás deben de venir de una pantalla sino de ella y que las relaciones no se hacen online y sus amigos son esos con los que habla y ve cuando está haciendo cosas increíbles, pero sobre todo, cuando la está pasando mal. Los que te aprecian todos los días, por lo que eres, no por lo que aparentas ni por lo que haces.

Los que ponen fotos de sus hijas con unos outfits y poses “súper sexys” maquilladas, disfrazadas de grandes a los seis años porque “que chistosas se ven”, pero no entienden que a los 16 hagan sexting. H-Á-B-I-T-O-S ¿se acuerdan?

Creo, además, que uno de los grandes riesgos es que estamos olvidándonos de proteger nuestra intimidad. Por ejemplo, tienes una vida de pareja fabulosa, me parece fantástico. Pero los demás no necesitamos leer todas sus declaraciones, ver todos sus detalles y los planes tan románticos y diferentes que organizan ¡eso es de ustedes y de nadie más! Ese es EL tesoro.

En esta época de vacación la onda es postear cada cinco minutos el momento del viaje en el que estás. Entiendo una, dos, ¡OK…tres! pero ¿todo el día? Volvemos a lo mismo. ¡¿Para qué?! Y además ¿a qué hora disfrutas del viaje, interactúas con tu familia y realmente te desconectas y descansas si estás tan ocupado subiendo todas las fotos que tomas? Primero: no hace falta tomar tantas fotos (y lo digo yo que soy MUY fan) pero no necesitamos tantas, la verdad. Hay que tomarlas, como dice mi abuelo, con los ojos y guardarlas en la cabeza y el corazón. Y segundo: es un momento de tu familia, no del resto del mundo. Treasure it.

Las redes se comparan un poco a si dejáramos la puerta de nuestra casa abierta para que cualquiera que sea “amigo” (o no), entre cuando le dé la gana y se meta a nuestro clóset, nuestro baño, a nuestro refri, se acerque demasiado a tus hijos y se meta a la cama con tu pareja… a tu intimidad. Básicamente eso es lo que estamos haciendo, sólo que con unos filtros increíbles en donde todo se ve precioso y donde nunca ponemos nuestro lado B, el que no es tan perfecto, ni tan intelectual, tan creativo o tan zen. Le falta la otra parte y por lo tanto no es real y me parece que es muy importante entender la diferencia y dejar de pretender a través de las redes y buscar lo que nos hace falta en los lugares correctos, sin pretensiones.

¿Qué opinan ustedes?

Valeria Stoopen Barois

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